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jueves, 9 de octubre de 2008

Los demás forman al hombre: yo lo recito como representante de uno particular con tanta imperfección formado que si tuviera que modelarle de nuevo le trocaría en bien distinto de lo que es: pero al presente ya está hecho. Los trazos de mi pintura no se contradicen, aun cuando cambien y se diversifiquen. El mundo no es más que un balanceo perenne, todo en él se agita sin cesar, así las rocas del Cáucaso como las pirámides de Egipto, con el movimiento general y con el suyo propio; el reposo mismo no es sino un movimiento más lánguido. Yo puedo asegurar mi objeto, el cual va alterándose y haciendo eses merced a su natural claridad; tómolo en este punto, conforme es en el instante que con él converso. Yo no pinto el ser, pinto solamente lo transitorio; y no lo transitorio de una edad a otra, o como el pueblo dice, de siete en siete años, sino de día en día, de minuto en minuto: precisa que acomode mi historia a la hora misma en que la refiero, pues podría cambiar un momento después; y no por acaso, también intencionadamente. Es la mía una fiscalización de diversos y movibles accidentes, de fantasías irresueltas, y contradictorias, cuando viene al caso, bien porque me convierta en otro yo mismo, bien porque acoja los objetos por virtud de otras circunstancias y consideraciones, es el echo que me contradigo fácilmente, pero la verdad, como decía Demades, jamás la adultero. Si mi alma pudiera tomar pie, no me sentaría, me resolvería; mas constantemente se mantiene en prueba y aprendizaje.