Muerte en la terraza
Muere otra paloma en la terraza.
Viéndola encogida hace días, yo no sabía
que la paloma (en aquella paloma) moría.
Llamo a mi mujer
para que me ayude a vivir más esa muerte.
Ella la toma en la mano. (Los animales la aman.)
La acaricia y la deja descansar en la sombra.
De nuevo sola,
la paloma mira el mundo quieto y estático.
De repente pone las patitas hacia arriba
batiendo las alas en un espasmo. (Otra paloma,
sorprendida por la escena, viene picoteando semillas
junto al cuerpo que agoniza.)
Tomo un bolígrafo rojo y anoto, urgente,
la muerte de la paloma en el poema.
La paloma deja caer la cabecita.
El poema se inclina.
Una gota roja cae del pico (o pluma)
y el poema
-termina.
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miércoles, 16 de mayo de 2007
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